No te vamos a dar un puntaje. Te vamos a contar, con tus propias respuestas, el día que está viviendo hoy alguien que quiere algo de ti. Sea comprarte, inscribirse, contratarte o donarte.
Una experiencia se siente igual de rota en un colegio, un banco o una fábrica: nadie te reconoce, todos reciben lo mismo, los canales se pisan, responden tarde, el mensaje no recuerda nada y nadie sabe dónde se cayó la gente.
Una experiencia se siente como su punto más débil, no como su media. Puedes tener cinco dimensiones en nivel 4: si la sexta está en 1, tu cliente vive el 1.
Un puntaje se discute en la junta. Una escena concreta con una persona adentro, no. Por eso el resultado es el día de Mariana y no un 14 sobre 24.
El diagnóstico termina señalando la pieza que cierra tu eslabón más débil. Si no hay nada que construir, también te lo decimos.
Seis preguntas te dan una escena. Dos semanas dentro de tu proceso te dan el modelo de datos que falta, el mapa real y el orden de lo que hay que construir.